Andreaferreiro's Blog

Pintando mi voz

“La originalidad de la vanguardia: una repetición posmoderna” de Rosalind Krauss.

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El auténtico original; la obra legítima irrepetible que nos invita a pensar en el comienzo de algo naciendo único, aquello que contiene la patente de su estilo en contra del ceder arte que se convierte en el ethos[1] de múltiples originales para ser finalizado, mejorado, rediseñado, homenajeado, copiado en su máxima autenticidad haciendo de lo original la unicidad de aquellas fraudulentas reproducciones… fraudulentas a quienes participen del derecho estético del estilo de un periodo, no deseando apreciar el producto reeditado postemporal al primerísimo.

De todo esto trata el texto de Krauss dónde su reflexión nos revela que existe un problema del original en el que parece se ha olvidado que todo es una copia de la copia —o tal vez nunca se supo—, pues nadie puede reclamar originales al ser la naturaleza a quien se representa. Cita en el texto al semiólogo Roland Barthes “…Por obra de una mímesis secundaria [el realismo] copia de lo que ya está copiado.” Sobre “el copista de la naturaleza” como un “plagiario”.[2]

Existe la no necesaria desacreditación, gusto y admiración por el autor quien desarrolla una obra que es copiada para estar presente en otros lugares; el acceso a la obra a través de su reproducción múltiple.

La copia auténtica exhibida en cada impresión del negativo de una fotografía, sea hecha por el autor o no, sea editada o no, mantiene su autenticidad múltiple.

¿Es realmente lo “original” a lo que nos debemos referir? El auténtico original me recuerda a los discos de acetato que se creaban a partir de un molde, como un sello que copiaba música y que todas ellas eran originales, no habiendo una más o menos original que otra. Original y múltiple es posible en tanto que éstos mantienen su origen idéntico. Lo original no está en la copia en sí, sino que es la copia de la música original. Por otro lado, creo que cuando se reedita una obra original, se es creativo y es válida su reproducción y homenaje al autor —que considero es implícito—, más no es original en el sentido más puro de la palabra de hacer nacer algo nuevo, único, por el hecho de que su base está en algo ya nacido. Como la idea de la cuadrícula en la pintura que “resulta extremadamente restrictiva en el ejercicio efectivo de la libertad” condenando “a estos artistas a la repetición —y no a la originalidad—“.[3]

 


[1] Refiriendo al significado de la palabra griega: “punto de partida”.

[2] Krauss, Rosalind, “La originalidad de la Vanguardia: Una repetición posmoderna”, en Arte después de la Modernidad, ed. Akal, Madrid, 2001, p.27.

[3] Ibídem, p.19

Written by andreaferreiro

13 febrero, 2012 a 07:23

Publicado en Comunicación

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